almas en pena

El silente espectro merodeaba taciturno por el campo santo. Tenía hambre y así pareciera un caníbal necesita alimentarse… No podía comerse a los vivos, estos estaban fuera de su alcance. Pero los espíritus recientes de gente fallecida, niños, ancianos, y mujeres. Era el alimento de los espectros andantes, por eso cada noche merodeaba el cementerio aquella alma en pena, que no encontraba el descanso. Ese día en una lùgubre fosa común había varios cadáveres. niños, hombres, personas sin familia, muertos en la indigencia, en plena calle.

El aura de aquel espectro se sintió atraído por aquella energía que emanaba de aquella sepultura, necesitaba alimentarse de aquella energía reminiscente. Cada día hacia lo mismo se alimentaba de la energía de cadáveres recién fallecidos. Se daba su festín y luego vagaba, lamentàndose de su destino. Su agonía era indescriptible, pero solo era oída por el resto de los espectros que por allí vagaba, la energía que quitaba aquellos cuerpos.

 

Los convertía en los siguientes espectros que vagarían por la eternidad. En la lontananza de aquel campo santo y entre tanto lamento no todos los espectros eran iguales algunos, no se alimentaban de la energía de otros cuerpos. Mas bien los miraban por encima del hombro con gran desden. Solo los visitaban y antes de llegar a su destino se presentaban ante ellos. Otros en cambio les encantaba asustar a niños, y ancianos, se impregnaban del terror.

 

Que producían en ellos, adoptaban los mas espeluznantes formas, caras terroríficas cuerpos amorfos, verdaderas deformidades, sonidos y ruidos de ultratumba.. También aquel campo santo existían espectros buenos, los menos, pero también existían y daban compañía a los muertos recientes, estos se regocijaban de la esperanza de aquellos cadáveres del deseo de ver a sus familiares y seres queridos.

 

Aquellos espectros solo podían visitar tumbas y fosas comunes que no estaban bendecidas, ni tenia a nadie que fueran a visitarlas, almas pérdidas como ellos. Esa era las leyes que imperaban en aquel campo santo la mayoría de los muertos encontraban su destino, en cambió otros vagaban por sus recintos como almas en penas. Sin encontrar nunca la paz y descanso que tanto necesitaban.

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La muñeca diabólica de porcelana

 

 

“¡Mamá, quiero esa muñeca!” Dijo la pequeña Isabel totalmente nerviosa por tener una nueva muñeca. “Volveremos mañana para comprártela, ¿vale? pero recuérdamelo, Isabel” le contestó su madre en la misma tienda de antigüedades. Isabel tenía sólo siete años y medio, pero ella podía tener todo lo que le gustaba gracias a su mirada de pena que les ponía a sus padres.

 

Esa misma noche, la pequeña tuvo dificultades para dormirse ya que sólo pensaba en su futura nueva muñeca. Incluso si tenía un brazo menos, era la muñeca de porcelana más bonita que había visto nunca. Ella tenía muchas, pero esa iba a ser la más bonita de su colección. A la mañana siguiente, Isabel desayunó viendo sus dibujos favoritos, como cada mañana. Había soñado tanto con su muñeca que tenía sueño, estaba cansada y ya no quería esa muñeca. Ya no le gustaba.

 

Así que pasó el día enjugazada con otras cosas y no le recordó a su madre que tenían que ir a por la muñeca, porque ya no la deseaba. Llegó la noche e Isabel fue a acostarse al piso de arriba. Ella tenía miedo de estar arriba sola, así que su madre subía con ella y se ponía en la habitación de al lado a coser. Una media hora más tarde de haberse acostado, una voz aguda despertó a la niña susurrándole al oído: “Subo 1, 2, 3 escalones…” La pequeña Isabel gritó asustada llamando a su madre: “Mamá, hay alguien en la escalera que hace ruido” Su madre la tranquilizó diciendo que no había nada en absoluto.

 

En cuanto la madre abandonó la habitación, Isabel volvió a oír ese susurro que le dijo “Subo 4, 5, 6 escalones…” De nuevo Isabel llamó a su madre. Su madre le volvió a contestar que se tranquilizara, que sería el ruido del frigorífico. Pero la pequeña voz continuó subiendo las escaleras: “Subo 7, 8, 9, 10 escalones y ya estoy en el pasillo”, repitió la pequeña voz con una risa sarcástica. A la mañana siguiente, la madre de Isabel se sorprendió de despertarse antes de ella. Pero pensó en las dificultades que había tenido para dormirse y pensó que estaría cansada.

 

Pero transcurrida una hora le pareció raro que aún no se hubiera despertado, por lo que subió a ver cómo estaba su hija. La madre gritó con terror viendo a su hija ahogada en su propia sangre y apuñalada más de 17 veces, con el brazo arrancado y viendo a esa pequeña y adorable muñeca de la tienda de antigüedades con el brazo de su hija como sustituto del suyo.

La Enferma Fantasma. Tijuana B.C

Esta leyenda más famosa de la Rumorosa. Se cuenta que hace muchos años una enfermera que vivía en una localidad cercana fue despertada a altas horas de la noche por un grupo de vecinos que reclamaba su presencia, pues en la carretera había sucedido un terrible accidente y su ayuda era de vital importancia hasta que llegaran los médicos.

 

La enfermera acudió rápidamente al lugar que le habían indicado, pero nada más se supo de ella. Su cuerpo no fue encontrado y tampoco había signos de ningún accidente, por lo que las historias más fantásticas comenzaron a tejerse: que había sido víctima de una secta satánica dedicada a los sacrificios humanos, que había desaparecido tras cometer un crimen e inventar la historia del accidente, que había aprovechado la confusión para huir con botín perteneciente a la comunidad. Poco después de su desaparición comenzaron los avistamientos del fantasma, en forma de una mujer de apariencia nostálgica que se sienta o camina al costado de la carretera, o de improviso se presenta a los aterrorizados conductores en el asiento del acompañante.

 

Es de notar la similitud con la desesperada madre de la carretera en el Uruguay, y varias mujeres del camino de otras leyendas, como la de la joven de la curva. También, la persistencia de la enfermera como vínculo entre los diferentes planos astrales y protagonismo en el vasto mundo de las leyendas

La Leyenda del Fantasma de la terminal del tren

Hace mucho tiempo en un pueblito llamado Jaral del Progreso, Guanajuato, el presidente municipal decidió mandar a colocar bancas en un parquecito que se encontraba en la terminal del tren, con la finalidad de dar comodidad a los usuarios de la dicha terminal, ya que en ese entonces se viajaba mucho en tren, como referencia la terminal se encontraba ubicada cerca de un panteón.

 

Las bancas fueron sujetos de vandalismo durante la noche, aparecían muy maltratadas, rayadas, rotas etc., por lo cual se decidió mandar un vigilante para cuidarlas, y curiosamente los vigilantes se empezaron a enfermar al igual que se negaban a seguir con su encomienda.

 

Al presidente le pareció muy rara esta situación, mando a investigar lo que estaba sucediendo, le comentaron una historia descabellada sobre un supuesto fantasma que aparecía y espantaba a los vigilantes, esto le pareció ridículo y decidió mandar a un policía de su confianza. El policía le decían El Chino Herrera, se comenta que era muy barbero con el presidente por lo cual estaban seguros que no se iba a negar participar en esta misión aunque supiera la historia del fantasma.

 

Pues bien acudió al lugar sin temor y al otro día no se presentó a trabajar, reportándose enfermo, el presidente acudió al hospital para saber lo que había sucedido con el Policía, este alcanzo a platicarle lo sucedido antes de morir.

 

Platico que todo estaba normal y alrededor de las 12:00 de la noche, empezó a correr un vientecito frío junto a una densa neblina, posteriormente escucho ruidos, que le parecieron el llanto de una mujer, por lo cual se acercó dónde provenía el llanto.

 

A lo lejos entre la bruma noto una silueta blanca que parecía de una mujer, por lo cual se acercó para comentarle que era muy tarde para que anduviera rondando por ahí, al acercarse vio que la mujer salía del panteón y que no movía las piernas, mas sin embargo se movía, en ese momento quedo sorprendido y espantado al ver que la mujer vestida de blanco viajaba suspendida a aproximadamente a unos 30cms., del suelo, el rostro no se le veía solo unos ojos de color rojo encendido. La mujer se abalanzo sobre de él sin darle tiempo de correr, desmayándose del impacto.

 

 

Esa noche el policía murió y en su lecho de muerte juro que todo era verdad. Ya nadie fue a cuidar las bancas después de lo sucedido y cuentan que a lo lejos en las noches escuchan el llanto de una mujer, muchos siguen diciendo que escuchan el llanto y ven a una mujer en las noches.