la gabiota y el poeta

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1
Una gaviota hoy vuela,
por encima del mar de lagrimas,
que hay en mi propio interior.

2
Una promesa le hice,
antes que emprendiera el vuelo,
la cual es siempre,
tener cuidado con el amor.

3
Ella recorrerá el mundo,
mientras este poeta,
escribirá palabras,
y en el ceno del lenguaje,
se sentirá como en el campo,
el humilde labrador.

4
Siempre aunque jamás vuelva a verla,
a esa ave la recordaré,
y le daré las gracias por su labor.

5
Emigrará hacia otros mares,
para acabar de vuelta,
buscando de nuevo,
a este escritor.

6
Para cuando ella regrese,
el ya será un anciano,
y un sabio calculador.

7
Seguirá creando poemas,
hasta que su dios,
lo salve de su propio temor.

8
Pues no ver el mar en la otra vida,
me dejaría sin inspiración,
y no podría regalarte un poema,
a ti mi querido lector.

Autor: Víctor Manuel Cabrera Llarena​.

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poemas placeres del condenado de Bukowski

los placeres de los condenados
se limitan a breves instantes
de felicidad:
[tan breves,] como cuando nuestros ojos se ven reflejados en la mirada de un perro,
como las cajas de papel encerado,
como el fuego consumiendo el ayuntamiento,
el condado,
el continente,
como el fuego consumiendo el cabello
de doncellas y monstruos;
como el gañido de halcones alrededor de un árbol de duraznos,
como el mar vertiéndose entre sus garras,
como los tiempos
de ebriedad y desaliento,
todo en llamas,
todo húmedo,

todo perfecto.

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los corazones humanos

de luis rafael gatcia lorente

los corazones humanos

no son antros corrompidos
en cuyas Ciegas estan01as

nunca la luz se ha metido;

no son cerrojos de piedra
para un pecho fementido

que solo oculta intereses
de un espíritu mezquino;

no son vehículos zafios
del estúpido egoísmo
siempre en el campo de guerra
por la envidia divididos;

no son toros del orgullo

que atosigan con bramidos
el escenario del mundo

y abren con sus cuernos rios;

no son, si, lo que el hambre
y 1a cólera ha querido,

lo que la sed de justicia
y la ambición del inicuo.

Los corazones humanos
tienen mirada de niño
y aman con la ternura

de un travieso pajarillo;

pero los corazones se duermen

cuando los golpea el ruido,
y los humanos se olvidan

11

de lo que su pecho ha sido.

 

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biografia y obra adgar allan poe

El cuervo
[Poema: Texto completo.]
Edgar Allan Poe
Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es -dije musitando- un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”
¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;

espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor -dije- o señora, en verdad vuestro perdón imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente -me dije-, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha -le dije-.
no serás un cobarde.
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda -pensé-, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de “Nunca, nunca más.”

Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir graznando: “Nunca más,”

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable -dije-, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta! exclamé-, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta! exclamé-, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! -le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: Nunca más.”

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!

 

Abuelo, te extraño

Sé que te duele
Me duele demasiado,
Pero ahora que te has ido
Todo que sé es que te extraño

Estabas ahí para tan de largo,
Nunca pensé que dejaría.
Aunque tuvieras otro año
Espera bajo su manga.

El día que te fuiste
Fue el más triste de mi vida.
Recuerdo que sentados en su casa
Y llorando día y noche.

Podría ser egoísta
Pero deseo que usted estaba aquí.
O si usted hospedado
Un año más.

Sé que me amabas
Y todavía te quiero demasiado.
Por lo que estoy tratando de ser fuerte
Sólo para ti.

Sé que no soy perfecto.
Sé que nunca seré.
Sólo espero que estés allí
Y que estás orgullosa de mí.

Tienes que dejar ir
Aunque fueron aferrarse durante tanto tiempo
Pero no hay un día que no pienso en ti,
Y como era tan fuerte.

Solo quiero decirte
Que siempre estás en mi corazón.
Aunque todavía grito
Sé que no estamos separados.

Pensando en ti, abuelo…