estamos hechos de mentira

por pedro belmares o.

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Siempre encontramos personas que nos mienten y simulan que son sin cero, el hombre miente por naturaleza al sentirse cómodo en la situación en la que está y eso provoca que la gente no le tenga confianza, pero después de un tiempo la mentira se vuelve una carga moral que no se puede sobre llevar, en la mentirá todos mentimos y aunque se han piadosa puede perjudicarnos, nuestra vida esta construida de realidades y ficción a según como queramos construirla.

El hombre que no teme a las verdades nada tiene que temer de las mentiras. Thomas Jefferson

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soy una mentira

Soy solo una fachada pintada Una historia a la cual le cambiaron el final.
Soy una mentira perdida en el tiempo
Quiero verte y que sepas que aun eres parte de mí Y aveces deseo dejar mi orgullo de lado y Mirarte como antes Y voltear y verte a mi lado sin mentiras ni rencores.
Soy solo una fachada pintadaUna historia a la cual le cambiaron el final
Soy una mentira perdida en el viento Y cuando te veo tengo miedo Y aparento que no eres importanteMentirasMiento al engañarme y decir que no eres importantePero mis mascaras me cubren, y
Prefiero que no veas lo que realmente siento.Soy solo una fachada pintadaUna historia a la cual le cambiaron el finalSoy una mentira sin fundamento

ANONIMO

que hay detras de una mentira

pedro belmares olvera

Siempre las mentiras se descubren y nos cuesta más trabajo pedir perdón, es un hecho que las mentira es la peor compañera y eso nos pone ante los demás un mentiroso, a nuestros hijos les enseñamos a mentir diciéndoles que nada pasa si uno miente y aun recalcamos ¡que al cabo es una  mentira piadosa!.

Mentiras, él cree, dejan una mancha’ emocional’ en nuestras relaciones. En lugar de esconder la verdad, debemos concentrarnos en expresar ‘cada subyacente pensamiento y emoción – incluso ira, resentimiento y odio absoluto’.

Pero ¿cuán factible es vivir una vida de veracidad absoluta? Comencé a pensar en verdades y mentiras durante su estancia con amigos hace algún tiempo. Una noche, el marido, estaba viendo mi anfitrión, pero otro político en el negar noticias había sido engañosa sobre algún escándalo u otro.

De repente estaba en sus pies, gritando en la televisión en furia absoluta. “Mentiroso, mentiroso!”, gritó, apoplético con rabia, sus fundas de un color que nunca había visto en la piel antes. Yo estaba tremendamente impresionado con su integridad.

Pero, una hora o tan más adelante, llegó una llamada de un amigo mutuo que vive cerca. Esta persona no era alguien que gustaba mucho, pero ella nos invitó a cenar la noche siguiente.

Suave como una seda, marido de mi amigo dijo: ‘Oh, nos encantaría, pero tenemos entradas para ir al teatro’. Me quedé sorprendido. No lo había. Él estaba acostado. Un minuto que fue saltando hacia arriba y hacia abajo en una furia a alguien aparentemente diciendo mentiras y el siguiente lo estaba haciendo a sí mismo.

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