Atardeceres Milton Alvarez

 

 

Fotos de atardeceres

 

Terminar una jornada

presenta cada vez la compañía

de un cielo irisado

que hace grata la lasitud.

Ambiente de luz tenue

que sugiere tu compañía,

que por cálido, sabe a ti,

se siente como el hogar

abrigado, íntimo, nuestro.

 

Lenguas serpenteantes y agónicas

del astro rey viajando silente

a otras longitudes y hogares

a despertar otras voluntades

y descubrir otros amantes,

como él mismo, galanteando

con la tierra de por medio

a su amada luna,

sempiterna compañera cósmica.

 

Perfecto contraste naranja,

para que las azucenas y margaritas

resalten el camino a tu abrigo,

al remanso de tu ternura,

a la fuente que calme mi sed de ti

y cicatrice las heridas de tu ausencia,

para enmarcar con delirio

tu silueta adorada y acogedora

y acompañar un beso tuyo.

 

Atardeceres que se van suaves

como batir de alas,

como quieto vado,

para acoger algo también único,

abandonar lo refulgente

y ser cómplice de la intimidad

del regreso, de tu compañía,

de completar nuestra fortaleza,

tallados como uno solo, tu cuerpo y el mío.

 

 

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La Tierra Milton Álvarez

Amazing Earth. And they say there is no God.

No es que el paisaje sea triste, 
es que la nube de frailejones calla 
y observa impasible el vuelo señorial 
del viento, del cóndor, 
del cóndor como viento.

Es que el paisaje es profundo y amplio 
profundo hacia la bóveda azul 
donde el Chiles y el Cumbal 
besan con sus picos albinos 
su vientre inmenso e intenso; 
amplio como el frío 
que cala hasta los huesos 
y mantiene despierta el alma. 

Triste ni siquiera el Boliche 
que con su imagen monasteríl 
es una atalaya que alegra el alma, 
cuando nos avisa que las luces 
del Tulcán querido están prontas, 
aunque sí nos inicia en la nostalgia, 
cuando dejamos atrás el pueblo amado, 
y algo muy frío recorre nuestra espalda.

Es que el paisaje es único, 
es que el paisaje es nuestro, 
y es que comulgando con sus faldas 
nosotros somos el paisaje; 
hemos abrasado desde antes de la luz 
el precioso óleo serrano que creció 
y se agigantó ante nuestros ojos y 
que vibrante habita en nuestra alma.

Es que el paisaje es eterno, 
sus contornos cimbreantes aprisionan 
la escultura de un horizonte sin igual, 
el agua brota cantarina por doquier 
enjugando el vientre de sus tierras, 
jugueteando entre y desde sus montañas, 
abriendo surcos para la vida, para el espíritu 
para la memoria de la infancia, de la juventud, 
para la memoria de la existencia.

Tierra milenaria, paisaje bendito 
enraizada en lo más profundo del ser 
de quienes nacimos en tu seno y abrigo, 
de todos quienes te conocen y crecieron 
anidando sueños, multiplicando ilusiones, 
abrazando tus noches y la inspiración, 
amando tu vientre y el trabajo creador 
de las manos y el sudor colectivos.

Es que ésta es mi tierra, es mi paisaje, 
somos tú y yo, los nuestros, 
es la comunión de barro, fuego y soplo divino, 
es el crisol del encanto, de nuevos vuelos, 
centinela del coraje y la creatividad, 
cuna de la verdad y los nuevos retos, 
remanso apacible a donde llega 
el bruñido lucero a descansar.