Al gran oso rubio de Hungría Rafael Alberti

ni el mar

Que frente a ti saltaba sin poder defenderte.

Ni la lluvia, ni el viento, que era el que más rugía.

Ni el mar, ni el viento, Platko,

Rubio Platko de sangre,

Guardameta en polvo,

Pararrayos.

No, nadie, nadie, nadie,

Camisetas azules y blancas, sobre el aire.

camisetas reales,

contrarias, contra ti, volando y arrastrándote.

Platko, Platko lejano,

Rubio Platko tronchado,

Tigre ardiente en la hierba de otro país,

¡ Tú, llave, Platko, tú llave rota,

llave áurea caída ante el pórtico áureo!

No, nadie, nadie, nadie,

Nadie se olvida, Platko

Volvió su espalda el cielo.

Camisetas azules y granas flamearon,

apagadas, sin viento

El mar, vueltos los ojos,

se tumbó y nada dijo.

Sangrando en los ojales,

sangrando por ti, Platko,

por tu sangre de Hungría,

sin tu sangre, tu impulso, tu parada, tu salto

temieron las insignias.

No, nadie, Platko, nadie,

nadie se olvida.

Fue la vuelta del mar

Fueron diez rápidas banderas

incendiadas sin freno.

Fue la vuelta del viento.

La vuelta al corazón de la esperanza

Fue tu vuelta.

Azul heroico y grana

mando el aire en las venas

Alas, alas celestes y blancas,

rotas alas, combatidas, sin

plumas, encalaron la hierba.

Y el aire tuvo piernas,

tronco, brazos, cabeza.

!Y todo por ti Platko,

rubio Platko de Hungría!

Y en tu honor, por tu vuelta,

porque volviste el pulso perdido a la pelea,

en el arco contrario al viento abrió una brecha.

Nadie, nadie, se olvida.

El cielo, el mar, la lluvia lo recuerdan.

Las insignias.

Las doradas insignias, flores de los ojales,

cerradas, por ti abiertas.

No nadie, nadie, nadie,

nadie se olvida, Platko.

Ni el final: tu salida,

oso rubio de sangre,

desmayada bandera en hombros por el campo.

!Oh Platko, Platko, Platko

tú tan lejos de Hungría!

¿Que mar hubiera sido capaz de no llorarte?

Nadie, nadie se olvida,

no nadie, nadie, nadie.

Rafael Alberti

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